El hijo pródigo

“Había un hombre que tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de la  hacienda que me corresponde”. Y él repartió su herencia entre ellos. Pocos días después, el hijo menor tomó todo lo que le pertenecía y emprendió un viaje a un país lejano, y allí malgastó sus propiedades viviendo como un libertino. Y cuando lo había gastado todo, una gran hambruna asoló aquella tierra, y él empezó a pasar necesidad. De modo que se unió a uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: “¡cuantos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia mientras que yo aquí me muero de hambre!”. Me levantaré, iré a mi padre y le diré: “Padre, he pecado contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros”. Y levantándose, fue hacia su padre. Estando él todavía lejos, lo vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y ante ti, ya no merezco ser llamado hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus siervos: “Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado”. Y comenzaron la fiesta.”

La metáfora de la história, por Gary Renard, es la siguiente:

El hijo no fue expulsado de su hogar, fue lo suficientemente tonto, inocentemente tonto, de hecho, como para pensar que se podía ir y que le iría mejor por su cuenta. El Hijo agotó sus recursos limitados y comenzó a experimentar escasez, una condición que no existe en el Cielo. Al estar aparentemente separado de su Fuente, el Hijo estaba experimentando necesidades por primera vez.

Ahora que el Hijo pasa penalidades, intenta llenar su vacío uniéndose a otro ciudadano de aquel país. Esto simboliza los intentos de buscar soluciones a tus problemas fuera de ti mismo, implicando irreversiblemente alguna forma de relación especial. Estos interminables e inútiles intentos de encontrar una solución mediante la búsqueda externa continúan hasta que llegas a ser como el Hijo pródigo cuando vuelve en sí. Entonces se da cuenta de que volver a la casa de su Padre es la única solución significativa a su problema, y esto se convierte entonces en lo más importante para él, más importante que ninguna otra cosa en el mundo.

El Hijo piensa que él a pecado y que no es digno de ser llamado Hijo de su Padre. Pero el amoroso Padre no quiere oir nada de esto. No está enfurecido ni desea vengarse, y no tiene el menor interés en castigar a su Hijo ¡Así es realmente Dios! Él no piensa como los humanos porque Él no es una persona.

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