Lección 189 de Un Curso de Milagros – “Siento el amor de Dios dentro de mí ahora”

En esta entrada quiero recordar un ejercicio del Curso y concretamente una parte que expresa lo siguiente:

“Permanece muy quedo y deja a un lado todos los pensamientos acerca de lo que tú eres y de lo que Dios es; todos los conceptos que hayas aprendido acerca del mundo; todas las imagenes que tienes acerca de ti mismo. Vacía tu mente de todo lo que ella piensa que es verdadero o falso, bueno o malo; de todo pensamiento que considere digno, así como de todas las ideas de las que se siente avergonzada. No conserves nada. No traigas contigo ni un solo pensamiento que el pasado te haya enseñado, ni ninguna creencia que, sea cual sea su procedencia, hayas aprendido con anterioridad. Olvídate de este mundo, olvídate de este curso y con las manos completamente vacías, ve a tu Dios.”

Muy a groso modo es como si quieres comer unas verduras y empiezas a añadir miles de ingredientes para que tenga más sabor. Al final lo que acabas haciendo es que haya de todo menos la verdura, la cual pierde todo su sabor original, esencia y naturaleza. Lo mismo que acabamos haciendo con nuestra naturaleza, nos llenamos de creencias y pensamientos positivos disfrazando nuestro verdadero Ser, cuando al final lo que tenemos que hacer es soltar y desprender todo disfraz.

“Dejar a un lado…” “Vaciar la mente..” “No conservar nada…” “Olvídate..” Estas son palabras mayores para el ego, palabras que él quiere consevar y utilizar para mantenerte apegado a los conceptos, a los pensamientos,  a las creencias y a todo aquello que te mantenga aferrado a un mundo de ilusiones.

El objetivo es el vacío, vaciarte para fundirte en Dios. Puedes entender a Dios como la totalidad, la fuente, tu naturaleza, etc. En el momento que te vacías de todo concepto, de toda creencia y pensamiento, vuelves a tu naturaleza. Vuelves a simplemente Ser. En esta vida no se gana ni pierde, simplemente ERES.  No hay nada por lo que luchar, no se sobrevive, se VIVE. Acéptate como ser que eres y deja de buscar fuera. Nunca vas a obtenerlo todo, ya lo eres todo tu mismo.

Entonces, el ejercicio te invita a que dejes de decidir por tu parte y dejes de luchar para llegar a Dios. Dios ya sabe como llegar. En el momento que decides vaciarte, él viene hacia ti y te encuentra. Así  que suelta las riendas y ríndete a la vida.

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