Soltar

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En nuestra vida tendemos a acumular y a amasar. Acumular conocimiento externo y amasar fortuna, poder, creencias, etiquetas, etc. Y nos hemos olvidado de mirar adentro y ver quiénes somos realmente.

Cuando hablo de soltar quiero expresar el des-hacer de nuestra mente. El des-hacer de nuestra realidad y de nuestras creencias. Cuando estamos programados a través de unas creencias actuamos de manera limitada y condicionada. Sólo vale lo que es común a nuestra manera de pensar y actuar, tachando de irreal todo aquello que no esté en línea con nosotros.

Con esta reflexión quiero transmitirte que hay otra manera de ver las cosas. Y lo sabes, lo que pasa es que en algun momento de tu vida te olvidaste. Te olvidaste de vivir y te tomaste la vida demasiado en serio.

Soltar es des-programarse para que despiertes de lo que crees que es tu vida. Soltar es dejar de controlar para vivir el instante presente. Soltar es hacerte uno con la vida y volver a vivir de acuerdo a tu naturaleza. En el momento que vas soltando, te vas sintiendo más liger@. En el momento que te sientes más liger@ ya no hay nada que cargar ni mirar atrás, sólo mirar aquí y ahora para disfrutar de este instante. Y tal como expresa Mooji: “Cambiar el mundo no es tu misión. Cambiarte a ti mismo no es tu deber. Despertar a tu verdadera naturaleza es tu oportunidad.”

Para seguir con esta reflexión quiero compartir contigo una historia relacionada con las creencias. Así que espero y deseo que te sea de inspiración.

Un joven rey de un reino lejano se cayó un día de su caballo y se rompió las dos piernas. Aunque médicos buenos no le faltaban, ninguno consiguió que volviese a andar. Fue un grave accidente comentado por todos los habitantes del reino. Desde entonces, el joven rey siempre tuvo que caminar con muletas.
Pero aquel joven rey era orgulloso y no quería sentirse menos que los demás. Haciendo uso de su poder como rey, mandó publicar un decreto que obligaba a todos los de su reino a llevar muletas. Las pocas personas que se rebelaron fueron arrestadas y condenadas a muerte. El miedo se apoderó de la población y, desde entonces, las madres enseñaron a sus hijos e hijas a caminar con muletas en cuanto comenzaban a dar sus primeros pasos.
Como el rey tuvo una vida muy larga, muchos habitantes desaparecieron llevándose a la tumba el recuerdo de aquellos tiempos en que se andaba sobre las dos piernas. Años más tarde, cuando el rey finalmente falleció, los ancianos que todavía seguían vivos intentaron abandonar sus muletas, pero sus huesos eran frágiles y fatigados y no pudieron. Además, trataban de contarles a los más jóvenes que años atrás la gente solía caminar sin utilizar las muletas. Pero la respuesta que obtenían de los jóvenes siempre era la misma: se reían de ellos y lo tachaban de historias de viejos.
Movido por la curiosidad, un día un joven intentó caminar por su propio pie, tal y como había escuchado de los ancianos. Pero se caía constantemente al suelo y, sin quererlo, se convirtió en el hazmerreír de todo el reino. Sin embargo, empujado por su determinación, poco a poco fue fortaleciendo sus entumecidas piernas, ganando músculo y equilibrio. Con el tiempo, empezó a caminar y a dar varios pasos seguidos.
Su conducta empezó a desagradar al resto de habitantes. Al verlo pasear, la gente dejó de dirigirle la palabra. Y el día que el joven comenzó a correr y saltar, nadie lo dudo; todos le dieron la espalda porque creyeron que se había desquiciado por completo.
En aquel reino, donde todo el mundo sigue llevando una vida limitada por muletas, aún se habla de aquel joven como “el loco que caminaba sobre sus dos piernas”.

Hemos nacido envueltos de creencias y condicionamientos que nos han acompañado durante este camino llamado vida, pero hay un momento que te das cuenta que puedes vivir si esto. Este momento es cuando sueltas las muletas y caminas cogido de la mano con tu propia naturaleza libre de todo límite. Puede que te caigas el primer día, que te desesperes el segundo y que los siguientes días esperes resultados pero es que el resultado ya eres tu.

Crees tener que hacer miles de rituales para conseguir un “estado mental” o ir a algún lugar o estar con alguien para estar iluminado. Cuando esperas algo estás fantaseando y es irreal. Pero cuando dejas que la vida te sorprenda y te muestre lo impredecible e inesperado, eso es lo real. Deja de fantasear y crear más muros. Suelta todo esto, es mucho más fácil. Suelta las riendas y ríndete a la vida. Suelta y confía.

Y no te culpes por haber usado muletas ni culpes a los otros por esto. Todo ocurre de acuerdo a la voluntad de la Vida. Deja que todo ocurra por su voluntad. Y recuerda que formas parte del todo y que todo forma parte de ti. No hay ninguna meta ni objetivo, no hay nada de nada. Solo hay que soltar para emprender el camino de vuelta. Suelta el control, la lucha y las riendas de tu vida para vivir. Porque la vida está para vivirla.

¡Relájate! La vida ya elegirá y decidirá por ti. No hace falta que te comas tanto la cabeza. Más bien, invierte este momento para saborear el instante presente y fundirte con la vida.

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