“Los quatro guardianes de la puerta de la liberación” extracto del texto Yoga Vasishta

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Durante estos días en la India, concretamente en Rishikesh, he tenido el placer de conocer y compartirlos con un maestro del Advaita Vedanta, Swami Atmananda Udasin. Con él cada día en el Satsang hemos ido estudiando el Yoga Vasishta. Este texto explica a modo de fábulas, historias y diálogos la esencia del Advaita Vedanta (no-dualidad). Es una obra para el amante de la verdad y que colapsa esta mente racional con la que queremos entenderlo todo.

En esta entrada quiero compartir un extracto de esta obra y tal como expresa un verso de este libro:
“Ni el que es totalmente ignorante ni quien conoce la Verdad son candidatos al estudio de este libro. Solo aquel que piensa: ‘Estoy esclavizado; debo llegar a ser libre’ es apto para estudiarlo.

Sólo apuntar que era uno de los libros que Sri Ramana Maharshi recomendaba leer, nada más que decir. Y para poneros en sintonia con el texto de esta entrada, es un diálogo entre el alumno Rama y el maestro Vasishta. Pues sin más dilación, comparto este extracto titulado “Los quatro guardianes de la puerta de la liberación.”

Querido Rama, la puerta del reino de la liberación (Moksha) está protegida por cuatro fieles guardianes: el autocontrol, el espíritu de investigación, la alegría y las buenas compañías. El buscador inteligente debe cultivar, al menos, la ayuda de uno de ellos.
Con el corazón puro y la mente despojada del velo de la incertidumbre, escucha la exposición de la naturaleza de la liberación y los medios para conseguirla. Hasta que no realices el ser supremo no podrás poner fín al doloroso ciclo del nacimiento y la muerte. Si no acabas aquí y ahora con la temible serpiente de la ignorancia, seguirá causándote sufrimientos no sólo en esta vida sino en incontables existencias posteriores. Evitar ese sufrimiento es imposible, pero por medio de la sabiduría que voy a enseñarte, podrás librarte de él en el futuro.

Cuando superes el dolor del samsara, vivirás en esta tierra como el propio Brahmá y el Señor Vishnu. Cuando la ilusión desaparece y se comprende la verdad por medio de la investigación de la propia naturaleza, cuando la mente está en paz y el corazón arde en el verdadero conocimiento, cuando todas las olas perturbadoras de los pensamientos han cesado y de la mente sólo fluye un torrente de paz que colma el corazón con la dicha del Absoluto, cuando se ha contemplado la verdad en el corazón, este mundo se convierte en la más feliz de las moradas.

1 – El autoconocimiento o átmavidyá

La persona que ha alcanzado esto ya no tiene nada que obtener ni nada que rechazar. No se siente afectado por las desgracias de la vida, y aunque a los ojos de los demás parece nacer y morir, no nace ni muere jamás. Los deberes religiosos le resultan innecesarios. No está afectado por las tendencias pasadas (vá-sanas) que han perdido todo su vigor. Su mente ha abandonado la intranquilidad y permanece en la felicidad de su naturaleza esencial. El único medio para conseguir esta dicha es el autoconocimiento y debemos aplicarnos constantemente en la búsqueda de dicho autoconocimiento, como si fuera nuestra única obligación digna de tal nombre.
El que desobedece las sagradas escrituras y elude el camino de los sabios, no puede alcanzar el autoconocimiento. Tal insensatez es la más dolorosa de las enfermedades que podemos sufrir en este mundo. Debemos escuchar con devota atención las escrituras que nos hablan del autoconocimiento, pues el que comprende estas escrituras no sufre nunca más la ceguera de la ignorancia. Si quieres librarte del sufrimiento del samsára, acepta las benévolas enseñanzas de los sabios y serás libre. ¡Puedes estar seguro de ello!.
Para cruzar el espantoso océano del samsára, debemos recurrir a lo que es eterno e inmutable. El que tiene su mente en el eterno y está lleno de paz y de autocontrol, es el mejor de los hombres. Debes comprender que el placer y el dolor se suceden constantemente y se liquidan uno a otro sin miramientos: ese conocimiento te proporcionará paz y dominio de ti mismo. El que no ve esto es como el incauto que duerme profundamente en una casa envuelta en llamas.
El que consigue la eterna sabiduría, se libra para siempre del samsára y no vuelve a nacer en la ignorancia. ¡No debes dudar nunca de esta verdad!. Porque si no fuera cierta, tampoco nos causaría perjuicio alguno investigar la naturaleza de la verdad y dulcificar con esta búsqueda el dolor causado por los cambios y avalares de la vida. ¡Pero si existe, su conocimiento nos hará libres!.

El eterno no se alcanza con ritos y ceremonias, ni con peregrinaciones ni penitencias de ningún tipo. ¡El eterno sólo se alcanza por la conquista de la propia mente!. Todos los seres, sean dioses, demonios u hombres, deben aspirar constantemente a la conquista de la mente y al control de sí mismos, porque esos son los verdaderos frutos de la sabiduría (vidyá). Cuando la mente está tranquila y en paz, libre de ilusiones y alucinaciones, ya no tiene nada que buscar ni que rechazar. Eso es shamam, el autocontrol o conquista de la mente, uno de los cuatro guardianes de la puerta de la liberación, que te he mencionado antes.
Del autocontrol procede todo lo bueno y favorable que puede acaecemos, y se desvanece todo lo negativo que acierta a preocuparnos. Ningún placer de este mundo o del mismo cielo puede compararse al deleite del autocontrol. Todos confían en él de modo natural, y nadie se atreve a rechazarlo expresamente.
El autocontrol, Rama, es el mejor remedio para todas las dolencias físicas y mentales. Si tienes control de ti mismo, hasta el alimento que estás tomando tendrá buen sabor por muy amargo que sea. El que se protege con la armadura del autocontrol, jamás puede ser herido por la adversidad.
El que al percibir tanto lo que se considera agradable como lo que se considera desagradable, no se siente afortunado ni desgraciado, es un hombre auto-controlado. El que ve a todos los seres con idéntica ecuanimidad, teniendo bajo control las reacciones de alabanza o desdén, es un hombre autocontrolado. El que viviendo entre los seres no es afectado por ellos, ni siente atracción ni odio hacia ninguno de ellos, como si estuviera sumido continuamente en un sueño profundo, es un hombre autocontrolado.

2 – El espíritu de investigación o vichára

El espíritu de investigación de uno mismo o átma vichára, el segundo guardián de la liberación, sólo puede alcanzarse con una inteligencia purificada por el atento estudio de las escrituras, que debe mantenerse sin interrupción durante el mayor tiempo posible. Con esta investigación de sí mismo, la inteligencia se agudiza en grado sumo y es capaz de realizar el Supremo. Esta investigación o vichara es el mejor remedio contra la enfermedad crónica del samsára.
El sabio comprende que la fuerza, la inteligencia, la eficacia y la acción oportuna, sólo son resultado de esta autoinvestigación. El espíritu de investigación de uno mismo nos protege de las calamidades de la ignorancia. Mientras la mente permanece en la oscuridad por ausencia de esta investigación, hasta los dulces rayos de la luna parecen dardos mortíferos y la incauta imaginación transforma cada sombra en un diabólico enemigo. La mente desprovista de autoinvestigación es un pozo de dolor sin fondo y la causa de todas las enfermedades psicosomáticas. Debemos evitar por todos los medios a la gente que desdeña esta práctica y no frecuentar su compañía.
Los que tienen el espíritu de investigación bien despierto, iluminan el mundo y a quienes viven a su alrededor. Despejan los fantasmas de la mente ignorante y permiten comprender la falsedad de los placeres y de los objetos sensibles. La luz de la investigación o vichára permite la comprensión de la eterna e inmutable realidad, que es el ser supremo. El que posee esto ya no desea ninguna otra cosa, pero tampoco rechaza nada; queda libre de toda ilusión y de todo apego, no permanece inactivo ni se involucra en la acción, vive y actúa en este mundo hasta el fin de sus dias y después alcanza el dichoso estado de la liberación absoluta (nirvana o moksa).
El ojo de la autoinvestigación no pierde su perspicacia a causa de la actividad física ni por ningún otro motivo. El que no posee este ojo es digno de compasión. ¡Cuánto mejor sería nacer como un inmundo sapo en un pantano pestilente, como un gusano en el estiércol o como una serpiente en un lóbrego agujero, que estar privado de esa visión del vichara. ¿En qué consiste esta autoinvestigación?. La verdadera investigación o vichara consiste en preguntarse constantemente: ¿Quién soy yo?. ¿Cómo ha podido producirse este ilusorio tormento del samsára?. El conocimiento de la verdad brota de esta atenta investigación, que tranquiliza la mente y genera una paz indescriptible que nos conduce más allá de todo sufrimiento.

3 – La alegría o shanta

El tercer guardián de la puerta de ia liberación es la alegría o shanta. El que ha saboreado el néctar de esta alegría, no añora ningún otro placer sensible, pues ningún deleite de este mundo puede compararse a esta shanta que disuelve las más obscuras pesadumbres.
¿De qué alegría estamos hablando?. La verdadera alegría llamada shanta, es la satisfacción con lo que uno tiene sin haberlo buscado y la renuncia de todo pesar o preocupación por lo que uno no puede conseguir, sin sentirse jamás entusiasmado ni deprimido por una cosa o por otra. Mientras uno no está conforme con lo que tiene ni deja de añorar lo que no posee, es esclavo del dolor. El hombre que no posee nada y está contento (shantí) a pesar de ello, es dueño del mundo entero.

4 – La compañía de los sabios o satsanga

La compañía de los sabios, los santos o las personas iluminadas, es el cuarto guardián de la puerta de la liberación. Esta compañía, que llamamos satsanga, estimula nuestra inteligencia, destruye la ignorancia y la angustia física y mental. Sean cuales fueren las dificultades u obstáculos que se interpongan en el camino de esta compañía, nunca debemos renunciar a ella. Satsanga es una potente luz en el camino de nuestra existencia, muy superior a las demás prácticas religiosas como la caridad, la austeridad, la peregrinación a los lugares sagrados o la práctica de los más diversos ritos religiosos.
Debemos adorar y servir con todos los medios a nuestro alcance a los hombres santos que han realizado la verdad y cuyo corazón está libre del velo de la ignorancia. Los que tratan a estos hombres con desprecio y falta de moderación, están abocados a grandes sufrimientos.
La alegría, la compañía de los sabios, la investigación de uno mismo y el autocontrol, son los cuatro medios más seguros para cruzar el océano del samsára. Shanta es la meta suprema, satsanga el mejor compañero de viaje, vichara el instrumento más adecuado, y shamam la mayor fuente de felicidad. Si no eres capaz de seguir estas cuatro vías, practica al menos una de ellas, pues el cultivo diligente de cualquiera de las cuatro, te descubrirá las otras tres y la sabiduría suprema saldrá entonces a tu encuentro.

Hasta que domestiques el elefante salvaje de la mente con la ayuda de estas nobles cualidades, no puedes progresar hacia el Supremo, ya seas un dios o un ser inanimado. Procura cultivar estas cualidades con toda la fuerza que puedas desplegar en lo roas hondo de tu corazón, querido Rama.
El que posee las cualidades que he enumerado hasta aquí, está cualificado para entender lo que voy a decir, y creo que tú posees ciertamente esa cualificación. Sólo el que está maduro para la liberación desea escuchar cosas como estas, pero esta revelación es capaz de conducir a la liberación incluso al que no lo desea, como la luz es capaz de iluminar los ojos de una persona dormida. Igual que el que se siente aterrorizado ante una serpiente ilusoria, pierde su injustificado temor cuando ve que sólo se trata de una cuerda enrollada, el estudio de esta escritura nos libera del sufrimiento del samsára, tan aparente y ficticio como la mencionada serpiente.

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