Canto al Ser

Te saludo, ¡oh ser!, libre del fango del sentimiento del ego. Te saludo, ¡oh
ser!, en el que los temibles sentidos y la mente que todo lo consume han alcan-
zado la quietud. Te saludo, ¡oh ser!, en el que se ha abierto el loto de la felici-
dad. Te saludo, ¡oh ser!, que resides en el loto del corazón y cuyas dos alas son
la conciencia y su reflexión. Te saludo, ¡oh ser!, el sol que despeja la oscuri-
dad de la ignorancia. Te saludo, ¡oh ser!, el promotor del amor supremo que
mantiene todas las cosas del universo.

Igual que el acero corta al acero que ha sido calentado al rojo, la mente pu-
ra corta a la propia mente. Yo he cortado los deseos, la ignorancia y la insensa
tez con sus opuestos. Mi cuerpo funciona por su energía inherente, sin senti-
miento del ego. Las tendencias pasadas, los condicionantes mentales y las
limitaciones han quedado completamente destruidas. Estoy francamente sor-
prendido: ¿cómo he podido estar tanto tiempo preso en la trampa del ego?. Li
bre de toda dependencia y de hábitos de pensar, de deseos y de codicia, de creen
cias ilusorias en la existencia del ego, de la distracción de las tendencias que
persiguen los placeres, y de toda agitación mental, mi mente ha alcanzado el es
tado de completa quietud. De este modo, todo sufrimiento ha llegado a su fin y
la luz de la suprema felicidad ha comenzado a brillar en mi interior!.

¡Oh ser!, brillas en el sol con luminosidad y pureza, y resplandeces fríamen-
te en la luna. La pesadez de las montañas y la velocidad del viento surgen de tí
mismo. Por tu causa la tierra es firme y el espacio vacío. Afortunadamente has
sido comprendido y realizado por mí; afortunadamente, me he transformado en
tí. Por suerte, ¡oh Señor!, ya no hay diferencia entre tú y yo: tú eres yo, yo soy
tú. ¡Saludo a mi ser infinito y sin ego, saludo al ser sin forma!.

Resides en mí en estado de equilibrio, como la conciencia testigo, sin forma
y sin divisiones en el espacio-tiempo. La mente comienza a agitarse, los senti-
dos se excitan y la energía empieza a manifestarse poniendo en movimiento la
doble fuerza del prána y del apána. Arrastrada por el poder de los deseos, la
mente se entusiasma entonces con este cuerpo de carne y hueso que parece mo-
verse bajo su impulso. Pero yo soy conciencia pura, que no depende del cuerpo
ni de ninguna otra cosa; deja que el cuerpo aumente o disminuya, suba o baje
de acuerdo con sus propios deseos.

Con el tiempo brota el sentimiento del ego y en otro momento este senti-
miento se esfuma, como el universo se disuelve al final de los tiempos. Después
de un largo ciclo de nacimientos y muertes, he alcanzado el estado de paz, igual
que el cosmos descansa al final de su ciclo existencial. ¡Te saludo a tí, mi pro-
pio ser, que eres trascendental y lo eres todo, y saludo también a cualquiera que
hable de nosotros dos!.

El ser supremo es la conciencia testigo completamente inafectada por los fa-
llos de su propia experiencia. El ser es todo en todo y existe en todas las cosas, co-
mo la fragancia existe en las flores y el aceite en la semilla de sésamo. ¡Oh ser!, tú
destruyes, tú proteges, tú das, tú ruges y tú actúas, aunque estás completamente li-
bre del sentimiento del ego. ¡Esta es la gran maravilla!. Siendo la luz del ser, abro
mis ojos y parece que el universo se manifiesta ante mí, y cuando los cierro, ese
universo parece volatilizarse, se esfuma. ¡Oh ser!, eres el átomo supremo en el que
existe el universo desde un principio, como el gran banyano ya existe en su peque-
ña semilla. Igual que las formaciones de nubes en el cielo parecen configurar ca-
ballos, elefantes y otros animales, tú mismo, ¡oh ser!, apareces en el espacio cós-
mico como una infinita diversidad de objetos. libre de ser y de no ser, el ser existe
como ser y no ser y como diversos seres, uno distinto y separado de otro, o al me-
nos así parece manifestarse al ojo del ignorante.

Abandona la vanidad, la cólera, la lujuria y la violencia; porque las grandes al
mas no se dejan dominar por esos defectos ridículos. Recuerda el sufrimiento pa-
sado una y otra vez, y con una mente bien dispuesta investiga ¿Quién soy yo?,
¿Cómo ha podido ocurrir todo esto?, y líbrate de ello. Lo pasado ha pasado y to-
dos los sufrimientos y angustias que te atormentaban han dejado de existir. Hoy
eres el soberano de esa ciudad que llamamos cuerpo, e igual que uno no puede gol
pear el cielo con sus puños, el sufrimiento no puede poner su mano sobre tí. Hoy
eres el dueño de tus sentidos y de tu mente, y disfrutas de un gran deleite.

¡Que maravilla, oh ser!, es como si estuvieras siempre dormido. En aparien-
cia estás despierto con toda tu energía vital dispuesta para tomar conciencia de
las experiencias que le van sucediendo, pero en realidad es esa energía la que
entra en contacto con los objetos y a causa de esa toma de conciencia, asumes
las experiencias como propias. Los que han ejercitado el prána y han alcanza
do la apertura de Brahmá, el sahasrára chakra que está en la coronilla, perci-
ben todo lo que ha ocurrido en el pasado y lo que sucederá en el futuro en el
cuerpo de Brahmá, el creador.

¡Oh ser!, tú eres la fragancia de las flores conocida como cuerpo, el néctar
de la luna conocido como cuerpo, la esencia de la hierba conocida como cuer-
po, la frialdad del hielo conocida como cuerpo. Como la mantequilla está en la
leche, en el cuerpo está la atadura que llamamos amistad. Resides en este cuer-
po como el fuego reside en los bosques. Eres la luz de los objetos luminosos y
la luz interna que facilita el conocimiento de todo objeto. Eres la fuerza del ele-
fante conocido como mente y eI calor y la luz del fuego del autoconocimiento.
La expresión finaliza en ti, ¡oh ser!, y no vuelve a aparecer nunca más.

Como las distintas joyas se hacen de oro, todos los objetos de la creación                                 se han hecho de tí, ¡la diferencia que existe entre ellos es meramente verbal!.

“Ese eres tú”, o “Este soy yo”, son expresiones que tú mismo utilizas cuando             te adoras o te describes a ti mismo para deleitarte. Igual que las llamas de un              terrible incen dio que consume un bosque toman infinitas formas aunque sólo se trata de un sólo fuego, tu ser no dual se muestra como todos los objetos que llenan el uni-
verso. Eres la cuerda a la que todos esos objetos están atados, el fundamento de
la verdad en el que todos esos objetos reposan. Los mundos están siempre po-
tencialmente presentes en ti, y por ti se hacen manifiestos, como el aroma de la
comida se manifiesta cuando se cuece. Aunque todos esos objetos parecen exis-
tir, dejan de ser algo cuando tú no estás. ¡Tú eres su realidad!. Incluso este cuer-
po caerá sin vida como un pedazo de madera, cuando tú no estés junto a él. La
felicidad y la desgracia se disuelven cuando tú te aproximas, como la oscuri-
dad se desvanece en presencia de la luz. A pesar de ello, la experiencia de feli-
cidad sólo es posible a causa de la luz de la conciencia que emana de tí.

La alegría y la pena, la felicidad y la desgracia, te deben la existencia, ¡oh
ser!: de ti han nacido y pierden su identidad cuando se ha comprendido que no
son independientes de ti. Como una ilusión óptica aparece y se desvanece en un
abrir y cerrar de ojos, las ilusorias experiencias de placer y de tristeza sufren la
misma suerte en un instante. Aparecen a la luz de la conciencia y desaparecen
cuando se percibe que no son distintas de la conciencia misma, nacen en el mo-
mento de morir y mueren en el instante en que han nacido. ¡Quién es el que per-
cibe este misterio!.

Todas las cosas están cambiando eternamente en el tiempo: ¿cómo es posi-
ble que estas causas transitorias produzcan resultados tangibles y permanentes?.
Las olas parecen objetos, como las flores, pero ¿podemos hacer una guirnalda
con ellas?. Si pudieran surgir efectos permanentes de causas tan inestables co-
mo los versátiles fenómenos, sería posible ensartar chispas luminosas en una
guirnalda de luz y adornamos con ella. ¡Oh ser!, sientes el placer y la tristeza                   como si fueran reales cuando los percibes desde una persona iluminada, pero no
puedo describir cómo los sientes cuando esas mismas cosas ocurren en el cora-
zón de un ignorante que no ha despertado de la ilusión. ¡Oh ser!, no estás atado
por nada, eres libre de deseos y esperanzas, único y homogéneo, sin partes, va
cío de todo sentimiento de ego, asumes la responsabilidad de las acciones y pa-
reces percibir la diversidad de los objetos, tanto si son reales y verdaderos co-
mo si fueran irreales y ficticios.

Yo te saludo ser y te celebro, porque has manifestado este universo sin límites.                    Te saludo, ser de la paz suprema. Te saludo, ser que eres el origen y la meta
de esas escrituras y estás más allá de ellas mismas. Te saludo, ser que naces y re-           sides en todas las criaturas. Te saludo, ser no nacido. Te saludo, ser que permane-
ces debajo de todo cambio y toda destrucción, inmutable, indestructible. Te salu-
do, ser que eres la existencia y la no existencia. Te saludo, ser que puedes ser
alcanzado y conquistado. Te saludo, ser invencible y fuera de mi alcance.
Estoy encantado, en un estado de perfecto equilibrio y de paz suprema. Per
manezco inmóvil en el autoconocimiento. He vencido. Vivo para conquistarte.
Te saludo, ¡oh ser!, y te celebro. Mientras existes como la realidad pura, ¿dón
de está la esclavitud, dónde la desgracia, dónde la fortuna, dónde el nacimiento
y la muerte?. Permaneceré para siempre en la paz suprema.

Extracto del texto Yoga Vashista – Concretamente desde las paginas 245 a la 248.

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