Vivir desde el presente

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En la entrada pasada hablaba de no agarrarse a los pensamientos, de escuchar nuestro maestro interior y de soltar. En esta entrada quiero ampliar la palabra soltar viviendo desde el presente.

En tu día a día, ¿desde que lugar conversas? ¿Desde este instante presente, desde tu memoria, desde tu pasado o desde tu historia personal?

Cuando lo haces desde tu memoria, tu discurso es mucho más mental, estructurado y no dejas paso a la improvisación del instante presente. Cuando lo haces desde tu pasado, revives en este instante presente todo aquello que viviste con o sin sufrimiento y te agarras a algo que ya ocurrió sin dejar que se vaya o siga su curso, simplemente aceptar lo que pasó.

Cuando lo haces desde tu historia personal, lo haces a través de un personaje. Te agarras a un “yo” separado de todo. Es un sujeto separado de todo. Mi historia personal es diferente a todo el mundo, además hace sentirte especial por las vivencias y todo lo que has vivido. Cuando en realidad todo ha formado parte de un perfecto plan y algo más allá de la mente, la memoria o el personaje que se identifica con lo que pasó.

Vivir desde el presente es soltar el pasado, soltar tu historia personal, soltar la memoria, soltar la imaginación para quedarte vacío. Te quedas vacío en este instante para fundirte en él. Te vacías para llenarte de Presencia, para llenarte de Ti.

No hay prisas en vivir, nada se va o se queda. A nadie se le pasa el tren o el arroz, no existe un debo hacerlo ahora o nunca. Cada instante es presente, cada momento forma parte de este magnífico plan llamado Vida. Un plan que fluye a través de ti y en ti. Suelta lo que estés haciendo y entrégate al instante presente. Deja de controlar lo incontrolable.

Esta Vida está a un solo pensamiento de ti, el pensamiento de lo que realmente ERES. Tiendes a acumular conceptos, conocimientos, cursos, libros, experiencias, textos, creencias, etc y no es nada más que el juego del perro con la cola. ¿Has visto alguna vez algún perro que al final haya podido cojerse su cola y no vuelva a perseguirsela? Entonces hablo de lo mismo, el mismo ejemplo. Es una búsqueda sin fin, de acumulación. Los deseos te llevan perseguir, los impulsos a proseguir y la desesperación a… ya lo sabes tú. Y es que debemos emprender el camino de vuelta a casa, de rendición y entrega.

Para complementar esto quiero compartir contigo una pequeña historia de un escrita por Tony de Mello sobre un pez que emprendió el viaje de la búsqueda de Dios:

«Usted perdone», le dijo un pez a otro, «es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscándolo por todas partes, sin resultado».

«El Océano, respondió el viejo pez, es donde estás ahora mismo».

«¿Esto? Pero si esto no es más que agua… Lo que yo busco es el Océano», replicó el joven pez, totalmente decepcionado, mientras se  marchaba nadando a buscar en otra parte.

Se acercó al Maestro, vestido con ropas sannyasi y  hablando el lenguaje de los sannyasi: «He estado buscando a Dios durante años.  Dejé mi casa y he estado buscándolo en todas las partes donde Él mismo ha dicho que está: en lo alto de los montes, en el centro del desierto, en el silencio de los monasterios y en las chozas delos pobres».

«¿Y lo has encontrado?», le preguntó el Maestro.

«Sería un engreído y un mentiroso si dijera que sí. No; no lo he encontrado. ¿Y tú?».

¿Qué podía responderle el Maestro? El sol poniente inundaba la habitación con sus rayos de luz dorada. Centenares de gorriones gorjeaban felices en el exterior, sobre las ramas de una higuera cercana. A lo lejos podía oírse el peculiar ruido de la carretera. Un mosquito zumbaba cerca de su oreja, avisando que estaba a punto de atacar… Y sin embargo, aquel buen hombre podía sentarse allí y decir que no había encontrado a Dios, que aún estaba buscándolo.

Al cabo de un rato, decepcionado, salió de la habitación del Maestro y se fue a buscar a otra parte.

Deja de buscar, no hay nada que buscar, acumular o encontrar. Para un instante, ríndete, entégate al presente y fúndete a la Vida. Y es que no puedes dejar de verla, está aquí y ahora, en este instante presente. Es todo perfecto y genial, no hay nada más que cambiar o decidir o elegir.

Gracias Vida por este instante presente.

 

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. La felicidad es ahora, ni en los recuerdos ni el futuro después de alcanzar ciertas metas.

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    1. Ernest dice:

      Muchas gracias por tu aportación! Así ES. Un abrazo.

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