Historia de Monki “Sé libre y vive sin deseos ni ego de ninguna clase.”

En esta entrada comparto un extracto del libro Yoga Vashista donde Vashista le explica a Rama a través de una historia la marcha hacia el estado supremo, vacío de deseo y libre de todo condicionamiento mental. Vashista expone lo siguiente:

En cierta ocasión fui invitado a una ceremonia religiosa por tu abuelo Aja. En el camino tuve que atravesar un espeso bosque, muy cálido y polvoriento, en donde escuché los lamentos de otro viajero que también atravesaba el incómodo paisaje. “¡Maldita sea! -gritaba aquel hombre- este tremendo calor sólo es comparable a la compañía de la gente malvada que siempre produce dolor. ¡Tengo que llegar a alguna ciudad en donde encuentre descanso y pueda refrescarme!”.

Como estaba muy cerca de una aldea próxima, le dije:
Amigo, has equivocado el camino. En este lugar habitado por ignorantes no puedes encontrar más satisfacción que el que tiene sed y bebe agua salada, con lo que aumenta su sed todavía más. Los ignorantes deambulan sin rumbo fijo y equivocan frecuentemente su camino. No se ocupan de la autoinvestigación ni se alejan de los actos malvados. Funcionan como si fueran
máquinas. Más les valdría ser una serpiente oculta en un profunda cueva o una lombriz escondida en el agujero de una roca o un ciervo cojo perdido en el desierto, que permanecer en compañía de la gente ignorante. Esta compañía produce un momentáneo placer pero es venenosa porque destruye el ser.

Cuando oyó que le decía esto, me respondió:
¿Quién eres, Señor?. Aunque no posees nada, pareces radiante como un emperador. ¿Acaso has bebido néctar?. Estás desprovisto de todo y pareces saciado de todas las cosas. ¿Qué forma es esa que tienes, sabio, que parece no ser nada y serlo todo al mismo tiempo, parece terrenal y sin embargo trascendental?. Pareces libre de todos los deseos y esperanzas, pero al mismo
tiempo pareces mantener esperanzas y deseos. En tu conciencia brotan los conceptos y las ideas de acuerdo con tus deseos y en tu interior este universo parece existir como la semilla en el fruto.
Soy un peregrino llamado Monki. Vengo de muy lejos y sólo deseo encontrar el camino de vuelta hacia mi casa. Pero no tengo fuerza suficiente para conseguirlo. Señor, los grandes hombres, practican la amistad a primera vista. Estoy convencido de que jamás saldré de este mundo ilusorio. ¡Ayudadme, por favor!.

Le contesté a mi vez:
Amigo peregrino, me llamo Vasishtha. No temas. Has encontrado la puerta de la liberación.
Has encontrado la compañía del Hombre y por tanto estás muy cerca de alcanzar la otra orilla de este mundo objetivo. En tu mente ya ha brotado el desapego y reina la paz. Cuando el velo que cubre la verdad sea removido, la verdad brillará por sí misma. ¿Qué es lo que quieres saber?. ¿Cómo te propones destruir este mundo ilusorio?.

El peregrino Monki contestó:
Señor, he buscado por todas partes al hombre que pueda ayudarme a superar mis dudas, pero no lo he encontrado hasta ahora. Hoy he conseguido este gran privilegio con tu presencia que me convierte en el más afortunado de los hombres.
Todos los placeres de este mundo concluyen inevitablemente en sufrimiento, y por ello prefiero el sufrimiento a ese placer que termina convirtiéndose en dolor. Sujeta a la reiterada experiencia del placer y la tristeza, mi mente está colmada de malas ideas que la impiden reflejar la luz interior de una inteligencia despierta.
Encadenada a las tendencias que brotan de esta vida ignorante, la mente sólo me conduce a la actividad de una existencia pecadora. Así he gastado toda mi vida. Este deseo de placer no se satisface nunca plenamente y aunque todas sus pretensiones culminan en el fracaso, no deja nunca de alimentar nuevos propósitos. En otoño las hojas se secan y caen de los árboles, pero este deseo de placer y la ansiedad que provoca en mi corazón, nunca se agosta. Hasta el hombre mejor dotado y poseedor de la mayor prosperidad, queda reducido al más miserable estado; la fortuna es a menudo un cebo que atrapa a los incautos en el pozo del sufrimiento.
Puesto que mi corazón está contaminado con estas tendencias negativas que no encuentran descanso, los sabios no quieren saber nada de mí porque ven que sólo me intereso por los placeres sensibles.
A causa de ello, mi mente persigue sin tregua su propia destrucción hasta que tope con la muerte. La densidad de mi ignorancia en la que el ego se propaga, no ha sido todavía despejada por la luz de la luna del estudio de las escrituras y la compañía de los iluminados. El elefante de mi ignorancia no se ha enfrentado todavía con el león del conocimiento. La grama de mi karma no ha encontrado aún el fuego que la destruya, el sol del autoconocimiento no ha brotado en mí, disipando la oscuridad de los condicionamientos mentales.
Querido sabio, lo que he comprendido teóricamente no tiene para mí entidad o sustancia real. Mis sentidos siguen devorándome y basta el mismo conocimiento de las escrituras parece otro velo aún mas espeso que no me sirve para desgarrar el velo de la ignorancia. De modo que estoy asediado por la ignorancia y la confusión.
Te ruego, Señor, que me digas qué es lo que me conviene hacer en este momento.

El sabio Vasishtha, compadeciéndose del pobre Monki, le dijo:
La experiencia, el pensamiento, los condicionantes mentales y la imaginación no tienen ningún sentido y sólo sirven para producir trastornos psicológicos. Todos los pesares y desgracias de la vida, arraigan y se desarrollan en la experiencia sensible y el pensamiento.
Este modo de vivir, que es lo que se llama samsára, es retorcido y tortuoso para el que se deja guiar por los condicionamientos mentales y las tendencias latentes.
Desaparece sin embargo para el que está despierto en cuanto cesan los condicionantes mentales. Lo único que hay en el pensamiento es conciencia pura, como lo único que hay en el espacio es vacío. Lo que conocemos como el sujeto que experiencia la acción, no es más que la conciencia pura, aunque cuando lo sentimos como sujeto se expande con la forma de este mundo objetivo. Lo que surge en ausencia de la atención, desaparece por completo cuando volcamos sobre ello la luz de la atención. Este ficticio espectador, que no es más que un reflejo del verdadero ser, se desvanece cuando examinamos su auténtica naturaleza.
La división sujeto-objetiva creada por la percepción, cesa en el mismo momento en que se ve la indivisibilidad de la conciencia. Las vasijas no existen independientemente de la arcilla porque sólo son modificaciones de la misma. Los objetos percibidos está hechos de conciencia y como objetos de conciencia no son diferentes de la conciencia misma.
Lo que se conoce con el entendimiento no es diferente del propio conocer, lo que no se conoce es simplemente desconocido. La conciencia es el factor común del sujeto, el objeto y el acto de conocer: por consiguiente no hay otra cosa que ese conocer que es conciencia. Si existiera alguna otra cosa, no podría ser conocida, pues se trataría de algo completamente distinto del conocer mismo.
Por tanto, hasta la madera y la piedra tienen la misma naturaleza que la conciencia, de otra forma no podrían ser percibidas. Todo lo que hay en este mundo, es conciencia. Aunque los objetos parece que son diferentes entre sí, no son distintos en absoluto desde el punto de vista del espectador, que es el mismo que los contempla a todos ellos, y ese espectador sólo es la conciencia.
El ego individual que contempla la diversidad objetiva es el creador de esa diversidad. El ego es la cadena que nos esclaviza, y su cesación es la liberación. Así de simple. ¿Dónde está la dificultad que nos impide comprenderlo?.
La división objetiva ha surgido como aparecen dos lunas en los ojos del que sufre de diplopía y por consiguiente parece impropio afirmar que han aparecido dos lunas. La conciencia y la materia inerte no admiten ningún relación. Ni la conciencia puede transformarse en algo inconsciente, ni la materia puede convertirse en conciencia.
Sólo hay conciencia, aunque algunas veces piensa que es inerte y como una roca que rueda desde la cumbre de una montaña, queda inerte a sus propios pies. Cuando uno cae en esta ilusión de la objetividad, se ve preso de otras muchas ilusiones que surgen de aquella ilusión original, como nace una muchedumbre de insectos después de la lluvia. La mente es como un bosque en primavera, tan espesa de ideas y conceptos que la claridad no puede atravesar el follaje.

mente

A causa de esta limitación de la ignorancia, la gente experimenta muchos placeres y pesadumbres en este mundo. La luna y el sabio irradian alegría. Son pacíficos, fríos y tranquilos, colmados del néctar de la inmortalidad que nos impide verlos como al resto de los mortales.
Nadie, desde el creador Brahmá al menor de los insectos, puede alcanzar la paz suprema sin adquirir un perfecto control de su mente. Por la propia investigación de la naturaleza de la esclavitud, ésta cesa de esclavizarnos, porque para el que se toma la molestia de analizar cuidadosamente los obstáculos del camino, estos desaparecen por completo. Los fantasmas no
atemorizan al que está atento y despierto. Cuando cierras los ojos, la visión de las cosas externas queda borrada, si apartas de tu conciencia la idea de mundo, sólo existe la conciencia pura.
Incluso en este momento no hay más que conciencia, el mundo que vemos ante nosotros no es más que una apariencia irreal que nace de una imperceptible agitación de esa conciencia. Esto es lo que parece la creación de la mente cósmica, que alimenta la idea de tal creación aunque carece de las substancias materiales necesarias para construir verdaderamente un mundo material. El mundo sólo es un cuadro pintado sobre el lienzo de Brahmán, sin colores y sin pinceles. ¿Cómo podemos decir que este mundo ha sido realmente creado?. ¿Por quién, dónde, cómo, cuándo podría haberlo sido?.
La idea “Soy feliz” provoca la experiencia de felicidad, y la idea “Soy desgraciado”, la correspondiente experiencia de desdicha, pero ambas ideas no son otra cosa que conciencia pura, y por tanto esas experiencias son tan falsas como las ideas que las provocan. Puesto que el ser o conciencia infinita es incondicionado e ilimitado, no sufre agitación ni movimiento alguno. En el ser no hay deseos, ni apegos y por consiguiente no puede sufrir ninguna inquietud. El apego es esclavitud, el no apego es liberación. El que permanece en lo que indicamos con el término Todo, Infinito o Absoluto, no desea nada.
Si el cuerpo físico nos resulta tan irreal como el que vemos en un sueño, ¿qué puede el sabio desear para complacerlo?.
En el estado despierto e iluminado, el sabio alcanza el ser, y todos sus deseos son inmediatamente satisfechos.

Al oír las palabras de Vasishtha, Monki entró en profunda contemplación y abandonó su ilusión. A partir de entonces, vivió realizando acciones espontáneas e inevitables (praváhapatitam káryam).
En el ser hay unidad y diversidad, pero no como opuestas la una a la otra. ¿Cómo podemos decir que hay diversidad en el ser?. El ser es lo único que existe, sutil y omnipresente como el espacio mismo. No resulta dividido por el nacimiento y la muerte de los cuerpos. El sujeto-espectador, el objeto-visto y el acto de verlo, no son más que modificaciones mentales. El ser no está dividido en sujeto y objeto y por consiguiente, está más allá de toda contemplación (dhyána). Todo lo que hay es el indivisible Brahmán y no todas esas cosas que parecen constituir el mundo. ¿Cómo puede brotar esta ilusión?. La errónea percepción del mundo se ha despejado con esta instrucción que te he dado; ahora ya no hay razón para que sufras esclavitud alguna. Tanto en la prosperidad como en la adversidad, sé libre y vive sin deseos ni ego de ninguna clase.

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