Quédate aquí, ven ahora. Permanece presente.

Hoy me ha ocurrido algo muy revelador y anecdótico. Cada tarde voy con los perros a pasear por al lado del río. Hago un pequeño recorrido donde disfruto de la naturaleza en silencio. Lo que ha ocurrido hoy ha sido que al levantarme de donde me siento cada día, me he olvidado de la bolsa donde llevaba las heces de los perros y cuando estaba ya saliendo del camino me he acordado y allí ha empezado la mente a fabricar una historia imaginaria. En esa historia veía como alguien encontraba la bolsa, me denunciaba por dejar eso allí y tener que pagar una multa por dejar eso sin recoger.

La cuestión es el pensamiento que ha surgido, en el momento que he sido consciente de que me había olvidado a bolsa ha aparecido esta “historia”. El tema está en como reaccionas a ese momento, si te agarras a ese pensamiento y sufres o eres consciente de este pensamiento y lo dejas marchar sin poner atención siguiendo tu camino a volver a buscar la bolsa sin más disfrutando del camino de vuelta.

Y es que a veces creamos un mundo de ilusión y fantasía, de monstruos y fantasmas. Más bien podría decir que fabricamos y esto pasa muchas veces de forma inconsciente. Entramos en una espiral o bola de nieve que cada vez se está haciendo más y más grande sin saber el motivo. Este estado nos aleja de nuestra naturaleza y a la vez de la realidad porque nos embarcamos en una historia personal donde crees ser el protagonista de algo irreal.

Allí entra el sufrimiento porque en el momento que te agarras a este estado, a ese pensamiento sufres porque tienes que mantener o dejar ir “algo”. Al agarrarte a eso que viene y va te pierdes. Y siempre pongo el mismo ejemplo: Imagínate que eres el cielo y ves pasar las nubes. Las nubes vienen y van, el cielo permanece. Imagínate por un momento, sólo por un momento, que el cielo intentara agarrar a todas las nubes, ¿qué locura verdad? El cielo permanece allí presente, observa las nubes pasar, no se opone, simplemente deja que ocurra. Que no hay nubes, genial. Que hay nubes, también.

Lo mismo en el sol. El sol brilla con luz propia y no hace ningún esfuerzo para ser. Está allí presente, entregando la luz. Aparece una nube que desde tu punto de vista tapa la luz, pero sigue allí ofreciendo su luz sin condición ni aspiración. Pero si te pones en su perspectiva delante de él no hay nubes, solo un inmenso espacio infinito y eterno. Y es que la luna se ilumina por el sol, al igual que la mente se ilumina por la conciencia misma. Entonces, deja que la mente sea el instrumento de la conciencia y se ponga a su servicio. Entrégate, no te opongas y suelta esta historia.

Con esto te digo que sueltes la “basura” (y nunca mejor dicho) que habita en tu mente y es que en el silencio de la mente se escucha la música del corazón. Una música que siempre está presente, que no tiene distancia, tiempo ni forma.

Recuerda que Lo que ES no puede dejar se SER. Lo que eres nunca se fue, siempre permanece presente aquí y ahora, lleva la atención a esto que no viene y va. Permanece presente. Quédate aquí, ven ahora.

Al acabar de escribir esta reflexión me ha venido una película que he visto muchas veces y que va en la línea de lo que he escrito aquí. Así que os dejo un pequeño extracto con las mejores escenas de “El guerrero pacífico”. Que lo disfrutes 😉

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