Tus dos defensas, una vía para el reconocimiento

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Durante nuestra vida vivimos con dos armaduras inconscientes. Una es: “Yo soy el cuerpo” y la otra “Hago planes por mi cuenta”.

Estas dos armaduras han impedido que puedas reconocer tu verdadera naturaleza, han hecho de obstáculo entre un yo limitado y la eternidad y la intemporalidad que eres.

La pregunta es: ¿Quieres quedarte en tu pequeño espacio limitado y verlo todo desde una pequeña rendija o quieres ver la luz que eres y serlo todo? Creo que no hace falta pensar mucho la respuesta, más bien, no hace falta pensar nada.

Vamos a por la primera, “Yo soy el cuerpo”. De primeras es como negarte a ti mism@ ¿verdad? ¿Cómo que no soy un cuerpo? ¿Qué me estás diciendo? Y se activan tus defensas… salta la alarma… guardias preparados… armadura puesta.

Y es que tu cuerpo no es el fin, es el medio. Es el instrumento por el cual la verdad que tu eres puede expresarse y compartir. Pero cuando creemos que somos este cuerpo, el dueño de todo y que debemos tener el control absoluto de la vida, esta verdad no puede ser expresada. Se queda esperando en la puerta a que tú la invites a entrar.

La segunda, “Hago planes por mi cuenta”. Me levanto por la mañana y ya tengo el plan del día, estructurado, elaborado y bajo mis condicionamientos. ¡Armadura activada! Como me considero el dueño absoluto del futuro, todo lo quiero bajo mi control. Si falla lo que quiero, me desmorono… y empieza la culpabilidad, etc.

Como expresa un Curso de Milagros en la lección 135: “Una mente que ha sanado no planea, simplemente lleva a cabo los planes que recibe a través de escuchar a una sabiduría que no es la suya.”

Deja espacio para entregarte al momento y decir “¿A dónde voy ahora? ¿Qué debo decir o hacer? Estoy aquí únicamente para ser útil. No tengo que preocuparme por lo que debo decir ni lo que debo hacer, pues Aquel que me envió, me guiará. Me siento satisfecho de estar donde quiera que El desee, porque sé que Él estará allí conmigo.”

SIMPLEMENTE PERMITE QUE LA VERDAD SE ACERQUE, ÁBRELE LA PUERTA Y DESPÓJATE DE LAS ARMADURAS.

Baja la guardia, suelta las armaduras y permite que la verdad se exprese en ti. Recuerda que: Nada real puede ser amenazado, nada irreal existe y no tengo nada que defender ni nada de lo que preocuparme.

No hay nada que hacer, se trata simplemente de reconocer. Volver a conocer algo que ya ERES.

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