Autoconocimiento, movimiento y pensamiento crítico

time lapse photo of cars in asphalt road

Lo RÁPIDO, FÁCIL Y FUGAZ está de moda… y aún así, no estamos en paz

En la anterior reflexión expresaba mi punto de vista sobre la sobreexplotación que nos autoinfligimos. Parece que tenemos que estar bien todo el tiempo, ser productivos y llenar todos los huecos posibles. ¿El motivo? No tengo ni idea. Si parto de mi experiencia, es la inercia y la dinámica que llevamos desde hace mucho tiempo. En mi caso al tener un negocio propio y compartir una de mis pasiones, el ejercicio físico, hizo que el trabajo y el ocio se fundiese en uno. Dejando poco espacio para la reflexión y la contemplación del presente. Además, si a ese ritmo incluyes el mundo virtual, la patata caliente puede llegar a explotar en cualquier momento.

Y, desde mi punto de vista, hemos acumulado experiencias fugaces para llenar el cajón de sastre. Para sentirnos plenos y vividos. Cuando en realidad lo que hemos hecho ha sido ir de un lado para otro sin ni siquiera entender el para qué. Como son fugaces, nos hacen sentir bien ese momento y cuando ya no lo hacen, fuera. Partimos del carpe diem y del tempus fugit como nuestra máxima. Nos lo tatuamos a fuego y alardeamos de nuestro estilo de vida como si fuera lo mejor para acceder a la libertad personal. ¿Hay un estilo de vida perfecto o una forma de pensar ideal? Este es el quid de la cuestión, mirar nuestra existencia hacia delante con el objetivo de que sea perfecta e ideal.

Un ejemplo de fugaz en nuestro día a día, es cuando vamos andando o en coche hacia algún lugar. Siempre buscamos el camino más rápido, programamos el GPS y la mente para la rapidez. Queremos llegar más rápido a los sitios. Nos pone batir el crono, superar el tiempo. ¿Para qué? “Uy mira, por aquí es más corto. Qué de tiempo hemos ganado” ¿Ganar tiempo? Parece una carrera la vida. A ver quien llega primero y gana el trofeo. Cuantas cosas nos perdemos por el camino por querer ir rápido.

Y el colmo de lo rápido y fugaz es la facilidad. Queremos las cosas ya y fáciles. En verdad el sistema y toda su parafernalia ya deja caer a través de la publicidad y el mundo virtual que lo tenemos todo a golpe de clic. Ya nada debe suponer un esfuerzo, pero a la vez estamos cansados de realizar miles de actividades cada día. Ligamos sin levantarnos del sofá, mirando una película, preparando la comida y contestando un correo.

Nos hemos convertido en máquinas olvidando nuestra naturaleza humana. Pensamos y actuamos como sistemas operativos. Abriendo y cerrando programas, obteniendo información instantánea y produciendo sin descanso. Muchos libros y películas pronosticaban una revolución tecnológica, pero pocos que el humano se uniría a ella transformándose en su propia computadora dejando de lado su más preciado regalo: una vida que no entiende de códigos binarios sino más bien de sentido común.

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