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Reflexión

Las redes sociales, un mundo virtual que poco tiene de natural

Estamos en el tiempo del demostrar antes que estar. Demostrar lo que soy, hago y tengo. Por lo tanto, dejamos de estar presentes en lo que somos, hacemos y tenemos.

Esta es mi opinión después de frequentar las redes sociales por mar, tierra y aire. Desde crear un calendario para las publicaciones, forzar para compartir, hasta perder el tiempo empanado mirando el muro y las historias. Simplemente dejar correr el reloj sin poner atención a lo que estaba viendo.

Y es que creemos que las redes sociales son herramientas útiles para compartir nuestras pasiones, entretenimiento o vida. Puede que si lo sean o puede que la herramienta finalmente seamos nosotros para ellas. Mi experiencia es que no hay termino medio. Muchas veces me pregunto ¿para qué? ¿Para qué voy a dedicar tiempo en publicar, compartir, reaccionar e interactuar? Aunque solo sean 15 o 20 min al día, que al final acaba siendo más. ¿Cómo me hace sentir? ¿Estoy en paz? ¿Quiero demostrar algo? ¿Recibir alguna compensación de lo que escriba? ¿Quiero alimentar al ego o dar rienda suelta a mi alma? Muchas preguntas sin resolver y pocas respuestar por valorar.

Como escritor puede que sea una vía para que se conozca lo que comparto. Y como entrenador un portal para mi negocio. Pero ahí está esa delgada línea que, sin que tú te enteres, sobrepasas y ya estás enganchado a la pequeña pantalla creando una dependencia. Y aquí es donde quiero señalar. Dejamos de lado el mundo real para adentrarnos en el mundo virtual. Perdemos el norte de lo que somos y sentimos, para adentrarnos en una máquina de mostrar poca realidad y mucha falsedad.

Caminamos por la calle como zombis sin prestar atención a nuestro paso, solo a nuestro móvil. Conducimos con un ojo en la carretera y otro al movil. Nos reunimos los amigos de forma presencial y acabamos prestando atención al movil sin disfrutar del contacto real. Paseamos por el campo, la playa o la montaña y solo prestamos atención en capturar el momento sin disfrutar de ese momento. Hago una foto, la comparto en las redes y… ¿Qué? Pues perdí la magia de ese instante.

En definitiva, si queremos hacer de nuestra vida una revolución real, puede que en algún momento tengamos que valorar lo que nos aporta de verdad el mundo virtual. Esta es mi opinión, esto ya depende de que necesidades y prioridades. Desde mi punto de vista me he dado cuenta que el precio de estar pendiente de la pantallita es muy alto y que no aporta nada en clave real. Y que invertir este tiempo en estar presente de verdad es la mejor realidad. Porque aquí te muestras tal como eres y te relacionas con los demás como realmente sientes. Porque el contacto y el encuentro directo es lo natural no como el virtual.

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